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CUENTOS INFANTILES

(Cuento original) El zapatero y sus tres duendes

EL ZAPATERO Y SUS TRES DUENDES - CUENTO CLASICO

Érase una vez un zapatero muy trabajador y vivía en una humilde casita en un pueblito perdido.

Este se pasaba el día cosiendo zapatos para conseguir dinero y alimentar a su familia.

Tanto trabajada el pobre zapatero que por las noches se quedaba dormido sobre la mesa del taller.

Cuando despertaba al día siguiente se daba cuenta de que aún le quedaba mucho trabajo por hacer.

Un día, el zapatero volvió a quedarse dormido antes de acabar su último encargo.

Pero mágicamente por la mañana había sobre la mesa un precioso par de zapatos terminados.

Sorprendido el zapatero le contó a su mujer lo que había pasado.

Justo en ese momento entró en el taller una bonita muchacha que se encaprichó de los zapatos en cuanto los vio.

Con el dinero que la joven le pagó a cambio de los zapatos el zapatero y su mujer compraron pan queso y hasta una gallina.

Mientras tanto la muchacha salió a dar un paseo con sus zapatos nuevos y todo el mundo pudo ver lo vómitos que eran.

Así que poco a poco los vecinos se fueron acercando al taller del zapatero para encargarle zapatos tan elegantes como los que la muchacha le había comprado.

El zapatero tenía tantos encargos que tuvo que trabajar otra vez hasta muy tarde y no pudo evitar quedarse dormido sobre sus herramientas.

A la mañana siguiente, volvieron a aparecer sobre la mesa del taller un montón de zapatos.

Pero esta vez eran aún más bonitos de los que le había vendido a la muchacha.

El zapatero vendió las sandalias, las botas, los botines y con el dinero que gano compró una vaca, así tendrían leche fresca todos los días.

Una noche él zapatero y su mujer decidieron quedarse despiertos para descubrir quien hacía los zapatos mientras ellos dormían.

En cuando estaban a punto de quedarse dormidos escucharon un sonido y unas pequeñas pisadas que los despertó.

Sobre la mesa de su taller había tres duendes trabajando con mucho énfasis.

Uno cortaba al cuero, otro lo conocía y el último lo decoraba con botones y cordones de colores.

Así el zapatero y su mujer resolvieron el misterio.

Entonces la pareja decidió hacerles a los duendecillos un bonito regalo.

De esta forma querían darle las gracias por tanta ayuda recibida.

A la noche siguiente el zapatero dejó sobre la mesa una bonita sorpresa.

Cuando los duendecillos lo descubrieron se pusieron muy contentos.

A la mañana siguiente había una pequeña nota sobre la mesa, que era tan pequeña que el zapatero necesito una lupa para poder leerla.

Y decía: querido zapatero gracias por todo el pastel estaba delicioso.

Sigue siendo tan honrado y trabajador y te ayudaremos siempre que lo necesites.

Tus duendecillos.

Así que el zapatero continuó trabajando duro mientras los zapatos se hacían cada vez más famosos en el lugar.

Y los tres duendes cumplieron su promesa de ayudarles siempre que lo necesitara el zapatero.